domingo, 3 de noviembre de 2013

Perdonar al inconsciente colectivo.

Una parte mía quería abrazarla y decirle que todo iba a estar bien. Que yo olvidaría lo que ella había echo y que seríamos las mejores amigas que siempre creí que éramos. Pero sabía que no podía hacer eso. Sabía también que hacerla llorar era una mala decisión y además no quería llamar la atención de nadie.
Sentía la tensión en el aire y en su mirada. Mucho más la sentí cuando sus palabras de perdón llegaron a mis oídos. Parecía un arrepentimiento puro, uno igual al que haría cualquier Drama Queen de los libros de Shakespeare.
Decía las palabras efusivamente. Perdón, perdón, perdón. Pedía disculpas meses después. No podía negar que sentía pena, no podía negar que pensé que en este momento iba a estar maldiciéndola en su propia cara. Pero nada salió de mi boca y ella continuó hablando.
Un repentino pensamiento me cruzó la mente “Solo lo hace porque se está quedando sola, sin nadie que hable con ella y finja escucharla”. Pero otros pensamientos se cuestionaban esa idea. "¿Y si en verdad se arrepentía? ¿Y si en verdad podía volver a ser todo como antes?"
Recordé lo que muchos me dicen hoy en día sobre mi antigua yo: insoportable, malhumorada y cerrada. “Me daba miedo hablarte” era una de las cosas que también me dijeron. No podía, después de tanto, volver a lo mismo. A ese circulo cerrado de personas que ahora ni siquiera puedo mirar a los ojos.
No sabía si necesitaba esta amistad de nuevo. Había pedido consejos, sí, pero esta era mi decisión no la de ellos. Sí, quería perdonarla y volver a llamarla mejor amiga y sentir que no estoy sola.
Pero no podía olvidar lo que ella hizo y nunca lo haría ¿Por qué yo tenía que sentir pena por ella cuando ella no sintió pena por mi cuando hizo lo que hizo? No había respuesta a esa pregunta. Tal vez era mi forma de ser, demasiado ablandada para este mundo, estas personas.
Tampoco podía olvidar a las personas que me ayudaron cuando ella se fue. No podía olvidar que las personas que creí que nunca estarían se quedaron y estuvieron conmigo en todo lo que necesitaba. Y lo siguen haciendo.
Tal vez no tenga una mejor amiga. Tal vez este sola pero ¿Qué importa? Un día todos estaremos solos por nuestra propia cuenta. Tal vez a veces me siga dando vuelta buscándola con la mirada y ella no este. Tal vez esta vez será por mi decisión y no la de ella.
No, el orgullo no es amigo de nadie pero por lo menos me daba una razón de ser. Ahora sabía que tenía personas que me querían alrededor mío. Y sí, a veces también estaba depresiva y con problemas de autoestima pero eso podía solucionarse con la compañía adecuada ¿no?
Y sabía que a ella no le podía volver a confiar mis secretos. Sabía que las segundas oportunidades solo demuestran que la gente nunca cambia. Nunca. Y no quiero perder lo que tengo ahora. Esa sensación de añoranza a lo viejo pero con  la mirada siempre en frente, respirando el verdadero aire de libertad.
Ella seguía hablando, allí enfrente mío, pidiendo disculpas. Y esta vez si hablé.
-No, una pena que lo hayas arruinado todo.
La observé una última vez y la dejé ahí parada hablando sola. Sí, vi como los ojos se le llenaban de lágrimas, y sí, vi como su esperanza se iba.

Pero yo no dejaría que ella viera eso en mí.