Una parte mía
quería abrazarla y decirle que todo iba a estar bien. Que yo olvidaría lo que
ella había echo y que seríamos las mejores amigas que siempre creí que éramos. Pero
sabía que no podía hacer eso. Sabía también que hacerla llorar era una mala
decisión y además no quería llamar la atención de nadie.
Sentía la
tensión en el aire y en su mirada. Mucho más la sentí cuando sus palabras de
perdón llegaron a mis oídos. Parecía un arrepentimiento puro, uno igual al que
haría cualquier Drama Queen de los libros de Shakespeare.
Decía las
palabras efusivamente. Perdón, perdón, perdón. Pedía disculpas meses después.
No podía negar que sentía pena, no podía negar que pensé que en este momento
iba a estar maldiciéndola en su propia cara. Pero nada salió de mi boca y ella
continuó hablando.
Un
repentino pensamiento me cruzó la mente “Solo lo hace porque se está quedando
sola, sin nadie que hable con ella y finja escucharla”. Pero otros pensamientos
se cuestionaban esa idea. "¿Y si en verdad se arrepentía? ¿Y si en verdad podía
volver a ser todo como antes?"
Recordé lo que
muchos me dicen hoy en día sobre mi antigua yo: insoportable, malhumorada y
cerrada. “Me daba miedo hablarte” era una de las cosas que también me dijeron. No
podía, después de tanto, volver a lo mismo. A ese circulo cerrado de personas
que ahora ni siquiera puedo mirar a los ojos.
No sabía si
necesitaba esta amistad de nuevo. Había pedido consejos, sí, pero esta era mi
decisión no la de ellos. Sí, quería perdonarla y volver a llamarla mejor amiga
y sentir que no estoy sola.
Pero no podía
olvidar lo que ella hizo y nunca lo haría ¿Por qué yo tenía que sentir pena por
ella cuando ella no sintió pena por mi cuando hizo lo que hizo? No había
respuesta a esa pregunta. Tal vez era mi forma de ser, demasiado ablandada para
este mundo, estas personas.
Tampoco podía
olvidar a las personas que me ayudaron cuando ella se fue. No podía olvidar que
las personas que creí que nunca estarían se quedaron y estuvieron conmigo en
todo lo que necesitaba. Y lo siguen haciendo.
Tal vez no
tenga una mejor amiga. Tal vez este sola pero ¿Qué importa? Un día todos
estaremos solos por nuestra propia cuenta. Tal vez a veces me siga dando vuelta
buscándola con la mirada y ella no este. Tal vez esta vez será por mi decisión
y no la de ella.
No, el
orgullo no es amigo de nadie pero por lo menos me daba una razón de ser. Ahora
sabía que tenía personas que me querían alrededor mío. Y sí, a veces también
estaba depresiva y con problemas de autoestima pero eso podía solucionarse con
la compañía adecuada ¿no?
Y sabía que
a ella no le podía volver a confiar mis secretos. Sabía que las segundas
oportunidades solo demuestran que la gente nunca cambia. Nunca. Y no quiero
perder lo que tengo ahora. Esa sensación de añoranza a lo viejo pero con la mirada siempre en frente, respirando el
verdadero aire de libertad.
Ella seguía
hablando, allí enfrente mío, pidiendo disculpas. Y esta vez si hablé.
-No, una
pena que lo hayas arruinado todo.
La observé
una última vez y la dejé ahí parada hablando sola. Sí, vi como los ojos se le
llenaban de lágrimas, y sí, vi como su esperanza se iba.
Pero yo no
dejaría que ella viera eso en mí.